Hace mucho tiempo ya desde la primera vez que escuché esta canción, y no fue en la voz de Sabina, hace mucho tiempo de todo aquello aunque todavía lo recuerdo como si fuera ayer. Esta canción me sabe a noches en vela, a confesiones, a risas y a llantos, a secretos, a contarnos todo de todo, me sabe a vueltas en la cama intentando que no nos venciera el sueño, agarrándonos a lo único que teníamos, la complicidad que nos brindaba la oscuridad de la noche. Mil veces escuché la letra de esta canción entre susurros y mil veces temí no oirla más.

No pensaba en aquel momento que tendría tantas semejanzas con mi vida, hasta ese momento poco sabía yo del amor en contra, del amor difícil, de sentimientos encontrados, de amor rendido después de que pasara la tormenta. Poco podía yo saber entonces de lo que vendría después, pero de todo aprendemos, o quizás no y sigamos cometiendo y repitiendo uno a uno cada uno de nuestros errores. Pero al final todo pasará, el dolor se desvanecerá, las ansias, los miedos... pero en el fondo seguiré siendo la misma, seguiré creyendo en el amor con vueltas, en el de pasiones en contra, en el de tormentas y arcoiris, el de cadenas que hacen libre, porque hay cosas que nunca cambian. Pero cuando sople el viento, cuando asalten traicioneras las dudas y los miedos, cuando acechen implacables los filos que se clavan, cuando no haya mas refugio que agarrarse al mañana, siempre nos quedará esta canción para detener el tiempo, para pensar con calma, para sentirnos ausentes del mundo, para acunarnos el alma y sonreir de nuevo... y sólo pido una cosa, que la leas tú, que susurres en cada rincón del silencio cada frase, porque como dije siempre esta canción suena mejor en tu voz que en la de Sabina.

Puedo ponerme cursi y decir
que tus labios me saben igual que los labios
que beso en mis sueños,
puedo ponerme triste y decir
que me basta con ser tu enemigo, tu todo,
tu esclavo, tu fiebre, tu dueño.

Y si quieres también
puedo ser tu estación y tu tren,
tu mal y tu bien,
tu pan y tu vino,
tu pecado, tu dios, tu asesino…

O tal vez esa sombra
que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea
a esperar que suba la marea.

Puedo ponerme humilde y decir
que no soy el mejor
que me falta valor para atarte a mi cama,
puedo ponerme digno y decir
“toma mi dirección cuando te hartes de amores
baratos de un rato… me llamas”.

Y si quieres también
puedo ser tu trapecio y tu red,
tu adios y tu “ven”,
tu manta y tu frío,
tu resaca, tu lunes, tu hastío…

O tal vez ese viento
que te arranca del aburrimiento
y te deja abrazada a una duda,
en mitad de la calle y desnuda.

Y si quieres también
puedo ser tu abogado y tu juez,
tu miedo y tu fe
tu noche y tu día.

Tu rencor, tu por que, tu agonía…
o tal vez esa sombra
que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea
a esperar que suba la marea.

Joaquin Sabina