Me levanto por la mañana, salgo de mi casa, camino por tus calles hasta el tren que me lleva a trabajar, veo a la gente pasar a mi alrededor, la mirada perdida, cada cual en su mundo, algunos dormidos aún, otros reflejan el agobio en su mirada, alguno muestra su rostro serio y preocupado, la mayoría sólo camina, sus miradas no dicen nada, no hay sentimientos reflejados en sus rostros, no se intuye nada por sus gestos, solo caminan.

Llego al trabajo y la gente es más persona a medida que avanza la mañana, veo alguna sonrisa, algo más de calidez se aprecia en el ambiente, no en exceso pero veo seres humanos a mi alrededor, con sus angustias, sus miedos, sus risas, sus anhelos. Hablo con mucha gente, mi trabajo es así, pero nadie me dice nada, rara vez alguien me da una sorpresa, alguien se sale de lo común, alguien da las gracias, hace un cumplido y por suerte se siente verdadero, sólo a veces, menos de las que me gustaría, más ya de lo que muchas veces espero.

Salgo del trabajo, de nuevo la gente camina, de nuevo las prisas, los agobios, los empujones, las miradas sin contenido, de nuevo el silencio arrollador que provoca tanto ruido a mi alrededor, mucho ruido que no suena a nada.

Las calles de Madrid ya no son las mimas que recuerdo en mi niñez, en mi adolescencia, ni siquiera son como eran hace a penas un tiempo, cuando significaban algo, cuando me animaban a seguirlas, cuando caminar por ellas tenía un hueco en mi vida. Ahora están vacías, vacías de sueños, llenas de recuerdos que quisiera olvidar, no para siempre, sólo hasta que no duelan. Antes no me molestaba la gente, ahora quisiera salir corriendo a un lugar donde pudiera sentir vida y esperanza, donde cada persona que pasa por mi lado no parezca de otra especie, donde alguien te tienda una mano o no mire con desgana. Quizás ese lugar no exista, quizás sólo sea un estado de ánimo, quizás sola anhele no sentirme sola en un lugar que ya no siento como mío.

A pesar de todo Madrid tiene algo que cuesta dejar atrás, algo que atrapa, sentimientos encontrados y diametralmente opuestos, quizás sea porque es una ciudad mágica, quizás sea por los mitos que encierran sus calles, por las miles de leyendas y canciones que alaban esta ciudad, quizás sea porque en cada cimiento de esta maldita ciudad está grabado como a fuego cada momento de mi vida desde que abrí los ojos, quizás sea porque aquí vive mi gente, quizás sólo sea por temor a perderme en otras calles, ojalá sea porque tengo la esperanza de que un día vuelva a ser feliz en el lugar donde di mis primeros pasos, quizás algún día no sienta que en esta ciudad me falta lo mas importante, quizás algún día no me falte.