Camino despacio, sin hacer mucho ruido, paso de largo por las calles sin sombra y acostumbro a perderme por caminos estrechos. Me gustaría ordenar mis ideas, organizar de manera coherente o incoherente, que viene ser lo mismo, todos los sentimientos y pensamientos que se agolpan en mi cabeza. Siempre he sido una persona controlada, ni demasiado loca ni demasiado cuerda, ni demasiado pasional ni demasiado fría, ni demasiado clara ni demasiado oscura, ni demasiado borde ni demasiado simpática, siempre he querido tenerlo todo bajo control, en un intento suicida de doblegar mis emociones para conseguir un equilibrio. Hace tiempo que no controlo nada, que el equilibrio es imposible, y quizás esta sea una manera más auténtica de vivir, pero tener los sentimientos a flor de piel juega malas pasadas, hace que una palabra no demasiado amable te trastorne y que un gesto no demasiado cariñoso te embriague. Y en medio de todo este caos están las personas que me quieren, intentando comprender lo que ni yo misma entiendo, doy gracias cada día por vuestro apoyo aunque no lo demuestre en ocasiones y tener por seguro que sois mi Norte, mi camino, aquello que aunque no sea consciente, en ocasiones, necesito con más fuerza. Porque una voz cálida puede devolverme la vida que sueño y un abrazo tierno puede darme la fuerza para conseguirla.