El otro día volví a mi casa, sería la una de la madrugada. Deslicé la llave en la cerradura, la giré despacio, no quería despertar a nadie, ya todos dormían. Avancé en silencio por el pasillo y llegué a la puerta de mi cuarto, entré, encendí la luz y encontré algo encima del escritorio, donde paso muchas de las horas del día. Colocado con cuidado, había un pequeño paquetito hecho con una servilleta. Cerré la puerta tras de mi, me senté en la silla , sonreí con la inocencia que creo que solo poseen los niños y me quedé en silencio mirando el pequeño paquetito. "Almendras", pensé y mi sonrisa se hizo más expresiva. Os preguntareís por qué sonreía y por qué estaba segura de que eran almendras. Pues para que lo entendaís os contaré que cuando yo era pequeña mi padre llegaba de trabajar, yo iba a darle un beso y el me decía:
- Te he traido una cosita!
Yo empezaba a darle vueltas buscando a ver que traía, y el sacaba un paquetito del bolsillo, eran almendras envueltas en una servilleta de papel. Las cogía del bar donde iba cuando se las ponían de aperitivo, las envolvía con cuidado en una servilleta y me las traía, creo que le encantaba ver mi carita ansiosa cuando me decía que me traía algo y mi cara de alegría cuando me daba el paquetito.

Siempre ha sido un momento especial entre él y yo, en ese momento yo me sentía especial. De pequeña no veía mucho a mi padre porque trabajaba hasta muy tarde y además él nunca ha sido especialmente cariñoso, aunque conmigo, la verdad, es que hacía una excepción, por lo que para mi ese momento denotaba una unión entre los dos que a mi me encantaba, lo sentía en ese momento más PADRE que nunca.

Después yo fui creciendo y lo dejó de hacer tan amenudo, la verdad es que el tiempo sepulta todo aquello que se pierde en la memoria, y en ocasiones olvidamos esas pequeñas cosas que nos llenan el alma, que nos hacen sentir grandes, y que hacen que aquellos que nos rodean nos vean especiales.

En estos últimos meses no han ido muy bien las cosas entre en mi padre y yo, por diversas razones nos hemos ido alejando el uno del otro, hasta llegar, incluso, a vernos como dos extraños que ni siquiera hablan el mismo idioma. Pero ese día entré en mi casa, sin esperar nada, y vi el paquetito colocado con mimo, no me pregunteís por qué se que lo colocó con la delicadeza que parece a ratos que a olvidado, pero sé que lo hizo así, con cariño, con todo el amor del mundo, porque ese gesto lo conocemos los dos, ambos sabemos que significan esas almendras y espero y ruego que nunca lo olvidemos...Yo también Te Quiero Papá

....Para terminar os contaré algo, nunca me han gustado mucho las almendras, ni de pequeña, pero eso él no lo sabrá nunca, porque cada vez que lo haga me las comeré y no habrá nada en ese momento que me apetezca más ;)

PD: Hace algún tiempo quité este post, supongo que por algún enfado más, este blog no deja de ser un reflejo de lo que pienso y siento y sus idas y venidas van directamente unidas a mis estados de ánimo. Hoy vuelve a estar aquí y espero que para siempre aunque tengo claro que nunca dejaré de sentir esto, pase lo que pase. Por cierto una cosa más, papá me ha encantado ver el mundial contigo, me encanta reflejarme en tu mirada, esa que mi madre afirma que es la misma en ti y en mi. Un besito enorme