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Hoy me acordé de tí, como cada día desde el momento en que te fuiste, aunque a veces te siento tan cerca, que me parece oirte hablar de Madrid, del Madrid obrero, de lo harán allí o aquí, del pueblo que visitaste, de la gente que has conocido, de lo mal que va la política... Te recuerdo tanto, hay tantas cosas que no te dije o que me gustaría contarte ahora.
Quería escribirte hace mucho tiempo, pero sólo ahora encuentro fuerzas para dirigirme a ti, sólo ahora que parece que se están cicatrizando las heridas y estoy aprendiendo a entrar en tu casa y no verte allí, y sólo ahora que tengo el pleno convencimiento de que desde algún lugar me estás mandando un guiño de ojos.
Te echo de menos... Recuerdo a menudo los paseos que me dabas cuando era pequeña, las visitas al Planetario, las mil y una historias que me contabas. Ayer recordé cuando me llevabas al Museo del Ferrocarril, como me subías en los trenes ganándote con tu talante a la gente del museo, nunca te dije gracias por eso, GRACIAS. Te recuerdo cuidando de todos aquellos árbolitos que nadie quería, que ya habían abandonado pero que tu cuidabas con tanto mimo. Recuerdo la primera vez que saliste del hospital, en silla de ruedas, te dijeron que no andarías más, pero no te conocían, a los dos meses te levantaste, cada vez que iba a tu casa me enseñabas lo bien que andabas ya, un día me pediste que te llevara a ver los árboles de Mendez Álvaro, me contaste que sólo los cuidabas tu y que querías ver si se habían echado a perder. Fuimos para allá, a duras penas te sacamos del coche, todavía estabas débil y andabas con dificultad, fuimos hasta los árbolillos, sacaste tu navaja y me pediste que te sujetara un poco, lo hice, te observé admirada como cortabas las malas hierbas y alguna que otra rama, ahi estaban tus árboles, en pie, como tú.

El tiempo pasó, nos empeñamos en que vivieras, te pido perdón por eso, por no querer dejarte ir, pero nos hacías mucha falta, luchaste hasta el final, siempre has sido un ganador y estoy muy orgullosa de ti.

Un día gris nos dejaste, te quedaste dormidito y descansaste, de una buena vez. Pude despedirme de ti por suerte, te dije que te quería mucho, pero te lo vuelvo a decir Te quiero Abuelo y te llevo dentro, en cada uno de los miembros de tu familia dejaste un cachito de ti, eso es lo que te mantiene vivo y así será por siempre...

Se que desde donde estés guiarás mis pasos, y me cuidarás como lo hacías con tus árboles, como lo hicistes con cada uno de nosotros.

Me despido de ti, no es un adiós porque ahora más que nunca se que viajas conmigo, porque te veo en mi mirada cuando me miro al espejo y peleo, cuando soy valiente como lo eras tú, asomas a mis ojos desde dentro, me acaricias el alma y me das la fuerza que me falta. Gracias...una vez más. TE QUIERO CON LOCURA

Tu nieta