anhelo como un niño la mirada
que hace que nos sintamos importantes
a pesar de las sábanas mojadas.
Mojadas de desvelos y de sueños,
caladas de deseos y esperanzas,
como si fuéramos pájaros sin dueño,
como si todo lo demás ya no importara
"Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias."
20 Diciembre 2007
anhelo como un niño la mirada
que hace que nos sintamos importantes
a pesar de las sábanas mojadas.
Mojadas de desvelos y de sueños,
caladas de deseos y esperanzas,
como si fuéramos pájaros sin dueño,
como si todo lo demás ya no importara
18 Noviembre 2006
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Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente muy feliz.
Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.
Un día el rey lo mandó a llamar.
Paje -le dijo- ¿Cuál es el secreto?¿Qué secreto, Majestad?¿Cuál es el secreto de tu alegría? ¡No hay ningún secreto, Alteza!. No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto. ¿Por qué está siempre alegre y feliz? ¿Por qué?
Majestad, no tengo razones para estar triste. Amo a Dios sobre todo, su Alteza me honra permitiéndome atenderlo, tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?
Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar, dijo el rey-. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado!!!! Pero, Majestad, no hay otro secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...Vete, ¡Vete antes de que llame al verdugo!
El sirviente sonrió un poco asustado, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco.
No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos.
Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana. ¿Por qué él es feliz? Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo..¿Fuera del círculo? Así es. ¿Y eso es lo que lo hace feliz? No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
-A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
-Así es.
-¿Y cómo salió?
-Nunca entró
-¿Qué circulo es ese?
-El círculo del 99.
-Verdaderamente, no te entiendo nada.
-La única manera para que entendiera, sería mostrártelo en los hechos.
-¿Cómo?
-Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
-Eso, obliguémoslo a entrar.
-No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
-Entonces habrá que engañarlo.
-No hace falta, Su Majestad.
-Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito. Son pocos los hombres tan grandes que sean capaces de resistir.
-¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
-No, al contrario. Pensará que es su fortuna.
-Y después, cuando se sienta infeliz, ¿no podrá salir?
-Si podría, pero muy pocos hombres son capaces de lograrlo. Les llamamos "santos".
-Que esperas, hagamos la prueba.
-Majestad, ¿Está dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
-Sí
-Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
-¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso? Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
-Hasta la noche.
Así fue.
Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba.
Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste.”
Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena.
El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido de la bolsa sobre la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían, ¡Era una montaña de monedas de oro! Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él.
El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60 hasta que formó la última pila: 9 monedas !!!
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.“No puede ser”, pensó.
Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.¡Me robaron -gritó- me robaron, malditos!!Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99”. “99 monedas.
Es mucho dinero”, pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo, pensaba- Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.
El rey y su asesor miraban por la ventana.
La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes.
El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguno de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos.
¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?.Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo.
Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. “Doce años es mucho tiempo”, pensó. Quizás pudiera decirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.
Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡¡¡Era demasiado tiempo!!! Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender.... vender.... Vender.... estaba haciendo calor.
¿Para qué tanta ropa de invierno?¿Para qué más de un par de zapatos?
Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99...
Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche.
Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y amargado.
¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo. Nada me pasa, nada me pasa.
Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo. Hago mi trabajo, ¿No?
¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje del círculo del 99."
Comentario del autor
"Vos y yo y todos nosotros hemos sido educados en esta estúpida ideología: Siempre nos falta algo para estar completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se tiene.
Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta... Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.
Pero qué pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que noventa y nueve, que todo es sólo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados.
Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual...
...Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están...
Pero cuidado Damián, reconocer que en 99 hay un tesoro no significa que debas abandonar tus objetivos, no quiere decir que tengas que conformarte con cualquier cosa, porque aceptar es una cosa y resignarse es otra, pero eso ya es es parte de otro cuento..."
Jorge Bucay
Por qué no podemos aceptar lo que tenemos como un tesoro, por qué no nos damos cuenta de lo que hay en frente de nuestras narices, por qué siempre queremos más, por que nunca nada es suficiente para el ser humano. Por qué si podemos ser felices con tan poco nos empeñamos en tener más, cuando cumplimos nuestras metas y conseguimos nuestros objetivos queremos otros y esto no estaría mal si fuéramos felices en el camino del progreso en nuestras vidas, pero no, el ser humano es mucho más confuso que todo eso, anhela la felidad, la busca incansable por los senderos de la vida, la persigue, sueña con ella, necesita sentirla, pero inexplicablemente cuando la tiene la deja escapar. Es como si fuéramos andando por el bosque buscando un árbol donde guarecernos de la lluvia, hay muchos pero pasamos por ellos y pensamos, este árbol está bien, no voy a mojarme bajo sus ramas, pero ¿y si hubiera otro mejor? Entonces decidimos seguir buscando y nos calamos hasta el alma. Como bien dice Bucay no se trata de resignarse pero si de aceptar la felicidad, de aceptar cuando se nos presente que ya la hemos encontrado.
24 Abril 2006
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?
Gustavo Adolfo Becquer
22 Abril 2006
Quiero que me oigas sin juzgarme.
Quiero que opines sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mí sin exigirme.
Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mí.
Quiero que me cuides sin anularme.
Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mí.
Quiero que me abraces sin asfixiarme.
Quiero que me animes sin empujarme.
Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mí.
Quiero que me protejas sin mentiras.
Quiero que te acerques sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías
Que más te disgusten.
Que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas…
Que hoy puedes contar conmigo…
Sin condiciones.
Jorge Bucay
1 Abril 2006
Noches de caramelo
y días de lluvia.
Y caricias de nube
y besos de azúcar.
Y sueños con alas,
y alas con aire,
y aire con espuma y espuma de risas,
y risas de agua y agua de vida
Y vida en tus manos,
y manos rendidas
ante tus palabras y ante tu sonrisa...
19 Enero 2006
Tú dices que nuestros sinos son dos ríos diferentes,
que por opuestas vertientes navegan nuestros destinos.
Que no tengo más fortuna que mi delirio y mi ensueño
y es un caudal muy pequeño para quien pide la luna.
Que yo fui muy poca cosa,
pasajera distracción,
tan sólo pobre bufón para tu novela rosa.
¿Qué entre rayos deslumbrantes, desde una nube de tul,
vendrá tu príncipe azul en carrozas de diamantes?
Pues que quieres que te diga,
el que voy a responderte,
que te sonría la suerte y que el señor te bendiga.
Sepúltame en el ocaso,
bórrame de tu memoria si arcos de triunfo y de gloria se levantan a tu paso.
Mas si al correr de los días,
al transcurrir de los años,
tan sólo ves desengaño donde esperas alegría,
por todo lo que sufrí,
por lo mucho que te amé,
aunque a tu lado no esté,
PIENSA EN MI.
Que la cruz de mi quebranto nunca en tu pecho se prenda
ni se oscurezca tu senda al recuerdo de mi llanto.
Nada importan mis dolores,
mi angustia no importa nada
si el curso de tu jornada se va cubriendo de flores.
Mas si entre zarzas dañinas te debates quejumbrosa
sin que un alma generosa venga a quitar sus espinas,
si nadie está junto a ti para mitigar tu duelo,
si no encuentras un consuelo,
PIENSA EN MI.
Si un tropel de querubines te envía Dios al hogar
y de su risa al quebrar te despiertan los clarines,
no me des más importancia que a una bruma pasajera
que en una brisa cualquiera se deshizo en la distancia.
Mas si en tu triste aposento te encuentra la noche fría
sin tener más compañía que los suspiros del viento,
si solo el comparte allí de tu dolor el gemido,
de rodillas te lo pido,
PIENSA EN MI.
Si vives feliz sin mi no quiero que me recuerdes
ni siquiera que te acuerdes que existí.
De la luz de tus estrellas no volveré a ser testigo,
ni seré pobre mendigo que va detrás de tu huella.
Sueña con tu paraíso
y ójala encuentres en él
quien te quiera más que aquel que con locura te quiso.
Mas si ves que no el lo mismo beber el agua en la fuente
que buscarla inútilmente entre frondas de espejismos,
si ves ahogada en congoja
que en un mundo de mentiras
ni aún por piedad se la mira cuando la flor se deshoja.
Si ves la ilusión perdida,
que para librar tu suerte
sólo se acerca la muerte para arrancarte la vida.
Si con la mirada incierta buscas y esperas, en vano,
la caricia de una mano que acoja a tu mano yerta.
Antes que tu corazón mueva en ti el último aliento,
PIENSA EN MI POR UN MOMENTO,
PIENSA EN MÍ… POR COMPASIÓN.